te llevantaste y yo no tuve el coraje de acompañarte. quedé paralizado en el sofá, mirando el libro que llevabas, yo perdido en las palabras que se tiraban fuera tu boca. solo sentía miedo y revuelta. el primero porque lo comprendía y el segundo porque sabía que el odio venía de tí.
tus piernas casi adosadas en mi nariz, mis ojos ya en tus uñas.
imaginé si quizá no tenía yo el poder de hacer con que los objetos cayesen de tus manos.
te fuiste segurandome que no regresabas. yo, incredulo, solo mucho tiempo después descobrí que habías hablado en serio.